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TÍTULOS PUBLICADOS
La Fundación Común Presencia, entidad sin ánimo de lucro y dedicada desde 1989 a la difusión, apoyo y celebración de los valores universales de la cultura, adelanta diversos proyectos como la publicación de la revista literaria Común Presencia de periodicidad semestral, así como la colección internacional Los Conjurados (de la cual ya han aparecido 35 títulos distribuidos actualmente en cinco países), fiel a su propósito de irradiar las voces de grandes creadores que en diversos idiomas han hecho posible la exaltación de la esencia del hombre.
Fundación Común Presencia
Cra. 10 No. 65 – 77 Piso 4
Tels: 571- 255 04 78, 346 5677
Bogotá, Colombia
comunpresencia@yahoo.com
DIRECTORES
Gonzalo Márquez Cristo
http://gonzalomarquezcristo.blogspot.com/
Amparo Osorio
http://amparoiosorio.blogspot.com/
José Chalarca
P O E S Í A
1. Poesía vertical: Roberto Juarroz
2. Mi cuerpo es mi camino: Adonis
3. La palabra liberada: Gonzalo Márquez
4. Revelación y caída: Georg Trakl
5. Antología esencial: Amparo Osorio
6. De la incesante partida: Mauricio Contreras H.
7. Poemas escogidos: Giuseppe Ungaretti
8. La otra vida: Rodolfo Alonso
9. Por decir así: Alfredo Chacón
10. Silencio de la huella: Germán Villamizar
11. Una temporada en el infierno: Arthur Rimbaud
Iluminaciones, Carta del vidente
12. Inconsistencia de la mirada: Enrique Rodríguez Pérez
13. Poemas perversos: Antología internacional
14. Ciega luz: Hernando Guerra
15. Inti Manic: Juan Sebastián Gaviria
16. Antología poética: António Ramos Rosa
17. Saldo a favor: Eduardo Cruz Vázquez
18. Vigilias: Javier González Luna
19. La coma de la luna: Antología poesía mexicana
20. Oscuro nacimiento: Gonzalo Márquez Cristo
21. Cementerio: Mario Eraso Belalcázar
22. Sólo queda gritar: Felipe Martínez Pinzón
23. Ensayo sobre las cosas...: Mairym Cruz-Bernall
24. Ulises y su perro (Antología): Claude Michel Cluny
25. Las excusas del desterrado: Robert Max Steenkist
26. El derviche y otros poemas: Jorge cadavid
27. Cuadernario: Luis Alejandro Contreras
28. Allí donde brota la luz: Jorge Nájar
29. Las sombras del asedio: Argemiro Menco Mendoza
30. El amor, la muerte y otros vicios: Casimiro de Brito
31. Sombra embestida: Hernando Guerra
32. Estación del instante: Miguel Torres Pereira
33. Palabras sin escolta: Elsa Tió
34. He venido a ver las nubes: Gustavo Tatis Guerra
35. Eternidad visible: María Clara González
36. Emprender la noche: José Zuleta Ortiz
37. La tentación inconclusa: Hellman Pardo
38. Casa Tiempo II: Yuichi Mashimo
39. Navíos de Caronte: Carlos Fajardo Fajardo
40. Poetas Bogotanos: Antología - 24 autores
41. Bodegones: René Arrieta
42. Objetos que nos miran: Olga Malver
43. Cicatriz Souvenir: Juan Sebastián Gaviria
C U E N T O
1. Cuentos perversos: Antología: Apollinaire, Mishima, Sade, Petronio, Gide...
2. Trilogio: José Chalarca
3. Los matices de Eva: Maribel García Morales
4. Oficios de Noé: Guillermo Bustamante
5. El público en escena: Enrique Ferrer Corredor
6. Del amor inconcluso: Fabio Martínez
7. Habana roja: Sara Fernández Rey
8. Cuentistas Bogotanos: Antología - 14 autores
9. El dios ebrio: Hermínsul Jiménez Mahecha
E N S A Y O
1.Pedro Páramo: murmullos... Fabio Jurado Valencia
2.No vi otro refugio: Mauricio Botero Montoya
T E S T I M O N I O
Tomo 1.Discursos Premios Nobel 1:Perse, Saramago, Faulkner, Camus, Paz, Hemingway, Neruda, Walcott,
Tomo 2.Discursos Premios Nobel 2: Milosz,Cela,Kawabata,Morrison, Elytis, Heaney, Mahfouz,Naipaul,
Tomo 3.Discursos Premios Nobel 3: Montale, Eliot, Gordimer, Russell, Mistral, Seferis, Kertész, Seifert, Soyinka, Golding, Steinbeck
Material Fotográfico del Blog
Derechos reservados
© Gonzalo Márquez Cristo
Juan Sebastián Gaviria

Cicatriz Souvenir
ISBN 978-958-8418-11-7
Colección Los Conjurados
(Bogotá, Colombia, 1980). Viajero y poeta. Autor de los poemarios Inti Manic (Común Presencia Editores, 2004), y Música Mecánica (Ex-Tinta, 2006). Común Presencia Editores reúne aquí la mayoría de sus poemas, escritos en un viaje de diez años a lo largo del continente Americano.
TERCERA PERSONA
Los arquetipos bailan.
El relámpago apaga las estrellas.
Los laberintos que camino
se retuercen en mi cabeza.
Mis pensamientos son lluvia tergiversada.
No hay sangre en la luna,
pero sí hay luna en la sangre.
Verse a uno mismo en tercera persona
es una capacidad de dos filos.
Olga Malaver
Objetos que nos miranISBN 978-958-8418-09-4
Colección Los Conjurados
Ha participado en el Festival Internacional de Poesía de Medellín (2001), en el Festival Internacional de Escritores de Bogotá (2002 y 2003) y en el de Casa de Poesía Silva “Alzados en Almas”.
NO ES UN JARDÍN ZEN
Solamente dispongo
de dos metros cuadrados de hospitalidad
para que bullan las hojas
con un ardor nuevo
y unas cualidades de lo sensible
allí no tengo plantas domesticadas
y hago un gran esfuerzo para que mi cerebro
no les secrete orden
ahora que se juzga sobre objetos
y no sobre significados
busco relaciones con la jungla
con la maraña
así sea a breve escala
son transformaciones simples
paneles solares mínimos
elevados a veinte centímetros de sus raíces
concepción de figuras espaciales
llenas de gozo y brillantes de juventud
para mi corazón
esa pequeña fronda
es una camada de criaturas zumbando
en consumación de su alumbramiento
Algo felizmente cae:
lo arrojó un pájaro
es una afirmación de vida
es una expectativa en un cuenco oscuro
es un erotismo enlazado con la tierra
no es un jardín Zen
carece del símbolo purificador de los lotos
de la arena virgen blanquecina
y de una roca para reconvertir
la distancia del sol con los planetas
mi jardín no es para meditar
es para experimentar la emoción
hasta el sobresalto
y contemplar mi verdor salvaje
encajado entre piedras talladas
es emitir una amistad
que el cosmos me devuelve.
René Arrieta
BodegonesISBN 978-958-8418-08-7
Colección Los Conjurados
BODEGÓN IRIDISCENTE Y GIRASOLES
El girasol
Los girasoles
La devoción al astro
El concéntrico mandato
Las leyes que lo rigen
El amarillo el marrón el aceituna
El múltiple retrato
La prístina cisterna el ondulante reflejo
El sideral azogue
El ascenso de luz y sus colores
Las chispeantes gotitas el iris
El arco
El contubernio en el espacio
Sus amores
La brevedad del tiempo
La tarde y sus olores
La sensación
El ciclo
La vuelta
Los relojes.
Poetas Bogotanos
Colección Los Conjurados
Poetas bogotanos, que tiene por preludio un acucioso prólogo del escritor y catedrático de la Universidad Nacional Enrique Rodríguez Pérez, está habitada por dos docenas de voces: Nicolás Suescún, H. Socarrás, Juan Gustavo Cobo Borda, Santiago Mutis Durán, Amparo Osorio, María Clara González, Eugenia Sánchez Nieto, Nora Ronderos Matiz, Armando Rodríguez Ballesteros, Gonzalo Mallarino Flórez, Mauricio Contreras Hernández, Iván Beltrán Castillo, Gabriel Arturo Castro, Gonzalo Márquez Cristo, Omar Martínez Ortiz, John Fitzgerald Torres, Alejandro Burgos Bernal, Sandra Uribe Pérez, Federico Díaz-Granados, Hellman Pardo, Andrea Juliana Enciso, Felipe Martínez Pinzón, Juan Sebastián Gaviria y Robert Max Steenkist.
Carlos Fajardo Fajardo
Colección Los Conjurados
Navíos de Caronte. (Santiago de Cali, Colombia, 1957). Filósofo, Magíster y Doctor en Literatura de la UNED, España. Autor de los poemarios: Origen de silencios (1981), Serenidad sitiada (1990), Veraneras, (1995), Atlas de callejerías (1997), Tierra de sol (2003) y una antología de su poesía, 2004. Entre sus libros de ensayos se encuentran: Estética y posmodernidad (2001), Estética y sensibilidades posmodernas (2005), la obra colectiva Real/Virtual en la estética y teoría de las artes (Paidós, Barcelona, 2006), El arte en tiempos de globalización – Nuevas preguntas, otras fronteras (Universidad de la Salle, 2006). Ganador del premio de poesía Antonio Llanos (1991) y premio de poesía Jorge Isaacs (2003).
1.
De noche
algo se mueve entre tinieblas.
Tres barcas se hacen a la mar de los lamentos.
Al ocultarse el sol
han partido nuestros jóvenes.
Sonríen masticando el miedo entre los dientes.
No son vacaciones, dicen.
Es el destino
quien teje este temor premonitorio
Yuichi Mashimo
Nació en la ciudad de Takasaki, prefectura de Gumma en Japón. Magister en Literatura Latinoamericana de
PRELUDIO
Vuelve la música.
Es el otoño.
Vuelve la vida
por este irse de las cosas.
¿Por qué las montañas entonan su llanto,
por qué la luna me mira sonrojada,
a qué se debe este equilibrio de la noche,
si soy el mismo?
El que llega en medio de tantas idas
ya ha amanecido.
Hellman Pardo
OLEAJE
Para qué callar
Tanto silencio arrepentido,
Tanto amor a la deriva.
Bajo qué movimiento esa pálida muerte
Llegará con sus arcabuces
A deshacernos el mundo.
Estas manos que aún esperan
Caminar ilesas por algún lejano cuerpo,
Quizá ese cuerpo,
Dónde irán a reposar de tajo.
Sombra,
Río que fluye desvelado,
Océano y lágrima,
Árbol de hojas blancas sobre un viejo páramo,
Ese oleaje es el amor de los hombres.
Para qué callar entonces
Tanto amor a la deriva,
Tanto río.
José Zuleta Ortiz
Nació en Bogotá en 1960. Es director de
EMPRENDER LA NOCHE
Surges entre el tumulto
y llenas mis ojos de luz.
En el pecho algo aletea
como un ave reciente
en la mano de un niño.
Abre tu mano y suéltame
mejor juega, corre,
mírame otra vez,
la última antes de cruzar.
Ya sin ti el corazón libre
querrá viajar, ser
o emprender la noche.
María Clara González
Nació en Bogotá, Colombia. Adelantó estudios de Literatura en
NO APLAZARÁ MÁS EL ALBOROZO
ahora que la inaugura la certeza,
emprende al fin el anhelado vuelo
mientras el mar aparta los hilos del apego.
Ya no hay nostalgias
no hay miedo
ya no hay culpas;
la soledad central
al sumergirse en aire,
deja atrás
las cóncavas regiones del recuerdo.
Abandona su cuerpo a las corrientes
junto a la prisa por los atardeceres.
¡Sólo espacio interior ilimitado!
Tras el manto del aire
—alto en el cielo—
se esconden las palabras.
En la otra orilla
el agua será mar transparente
el viento será quieto
y más fácil, volar hacia la altura
Ella es garza-luz
Abandonó su árbol para habitar la brisa
está presta a volar por los amaneceres.
en una playa nueva construirá su nido
y se dispone ahora a cantos y a palmeras.
Alguna vez
atravesó el desierto
sola
sedienta
anhelando un oasis
sin darse cuenta entonces
que era el desierto
lo que poseía.
Atrás, entre las sombras de las hojas,
la silueta que vuela a la intemperie
hacia el techo del mundo.
Un paisaje distante,
la sal y un aire nuevo
la invitan otra vez.
El violeta del arco iris
será su morada
—o su primera escala—
A la sombra del soplo, cuando calle,
¡Ha de volver a izarse el día!
Gustavo Tatis Guerra
Absalón
Sobre este lugar elegido por los judíos
todos arrojan piedras sobre mi silencio
me castigan más allá de la muerte
no hay reposo en mi alma
una lanza atraviesa mi vida
por contrariar a mi padre
con todas estas piedras
erigiré la imagen terrible del corazón
humano como una inmensa piedra filuda
que no deja de caer
sobre el tiempo.
Llueven piedras
sobre mi tumba.
Sócrates
Que nadie venga a decirme a esta hora
que el cuerpo es un estorbo
He descubierto, muchachos,
que el placer y el dolor muerden la misma cola.
Apenas me quitaron las cadenas
sentí que la música de Orfeo
me había convertido en ruiseñor
y la mirada de Agamenón, pastor de hombres,
me transmutaba en águila.
Ahora no quiero lágrimas ni lamentos
No olviden que le he ofrecido un gallo
a Esculapio, él me curó de la vida.
A la muerte todavía no le debo nada.
Elsa Tió
SALITRE
Salitre
sastre que hilvanas en el aire
láminas de sal que cubren a mi cuerpo.
Son los vientos alisios que insisten
en vestirme con escarcha marina.
Polvoreas mi piel y sazonas mi casa,
enmoheces mis penas hasta corroerlas
como la verja que no vuelve a pintarse,
frente al mar de mi orilla.
Oxidas el recuerdo que merece el olvido
enturbias transparencias en todos mis cristales,
humedeces y aromas con tu olor a sargazo.
Hasta que el agua de la acequia
donde la luna se acuerda del río,
me endulza y saborea.
VIEQUES
A Magaly Quiñones
Isla Nena, geografía en desdicha
donde entrena la muerte
su desprecio a la vida.
En su lecho marino,
donde habitan bombas
aún sin estallido,
caen más hondas
tus penas de sal y de infinito.
Eres herida abierta
que curan en la noche las estrellas.
Isla Nena, tan violada y tan pura,
tan prisión y horizonte
donde se adhiere la semilla a la tumba.
Tus niños ven la muerte como una maniobra
y la orilla una práctica,
llena de cicatrices y tormentos.
Isla maternal, playa fértil y brava
a tu vientre de arena
no llegan las tortugas.
La noche ya no escucha
el pasar de los pájaros.
Y el paisaje se enluta
al ver marchar solemne
los carapachos negros,
de una fila de cobos
con su tenaz paciencia
tiznando el horizonte.
Cuando acabe el relámpago
y los peces encuentren
la ruta del coral y del silencio,
la playa cementerio
regresará a la vida.
Volverán las tortugas
y el eco de la paz
derrotará a la muerte.
Derechos reservados
© Elsa TióMiguel Torres Pereira
CANÍCULAS
Seducidos los girasoles
repiten en la anchura del patio
la órbita del ojo del cielo
y multiplican intemperies en los míos
A retazos la canícula se prolonga
y llena de proclamas legítimas
el tiempo clamoroso
La vida transita en el jardín.
PARA UN CELAJE ALTÍSIMO
Con un sorbo de sed inconclusa
acuden mis aguas a tus orillas secretas
El celaje altísimo
de intimidades vertidas
pide a los dioses
alas de caballos ligeros
para alcanzar tus huracanes
y un torrente salvaje
La urgencia salta de mi centro.
Derechos reservados
© Miguel Torres PereiraHernando Guerra Tovar
(Armero - Guayabal Colombia, 1954). Poeta y abogado. Fue presidente por varios años de una organización de trabajadores del sector financiero. Es autor de los poemarios Pájaro azul (Linotipia Bolívar 1994); La noche del árbol (Sociedad de la Imaginación 1998); Ciega luz (Común Presencia 2004). Hace parte de la Colección Internacional Los Conjurados, de la Muestra Siglo XXI de Poesía en Español y de la antología arquetípica de Poesía en Español de la Asociación Prometeo, Madrid. Aparece en Portales y antologías de literatura del país y del exterior. Su poesía se publica en periódicos y revistas de Colombia e Hispanoamérica.
THANATOS
La noche, la soga, el cuchillo, el poema.
La sombra, el nudo, el filo, la palabra.
Si condenados a morir, ¿importa el verdugo?
PALABRAS
Palabras arrancadas al oscuro rostro del lenguaje.
Palabras como agujeros en la piel, por donde asoma el alma.
Palabras como cuchillos, afiladas en la piedra del insomnio.
Palabras cristalizadas en virtud de la verdad desconocida.
Derechos reservados
© Hernando GuerraCasimiro de Brito
ESPACIO CRUEL
En este espacio cruel
donde me pierdo donde me concentro
en este espacio cruel donde el desierto
me da por compañía los propios huesos
y la muerte refleja la desnudez de quien
en el amor viajado contempla
de frente el sol
En este espacio cruel donde inscribimos
la soledad el placer el cuerpo en reposo
y nos perdemos si nos
encontramos
En este espacio cruel
la muerte nos domina
y la muerte dominamos
EL REGRESO DE LAS AGUAS
Si viví no lo sé oigo sólo
La hierba de mi respiración
Donde la música toda se concentra
Y diluye. Sé sólo
Que nada quedó dormido en las aguas
Que pasaron por la piedra que todo lo bebe
Silenciosamente. Si viví
No lo sé pero sé que nada se pierde
En la sombra en el círculo vacío
Que nos envuelve. Escuchar su rumor
Es mi oficio saborear el cuerpo
Que se abre a mi cuerpo. Si viví
No sé no hay nada que saber
Sólo oír mirar respirar –
Derechos reservados
© Casimiro de Brito
Argemiro Menco Mendoza
EPITAFIOS
1.
Regreso a la tierra, ciego
y ceniciento. Me vencieron
las historias. Yo sería eterno.
2.
Te maté, dulce sombra,
para que vivas sola
y sólo en mi memoria.
3.
El polvo de mis huesos,
–ceniza que apaga mi luz–
naufraga mi recuerdo.
TAPA ABIERTA
La naftalina vuela.
Lleva en sus ojos el olor amoroso
y amarillo de mis nostalgias.
Como baúl amante, protejo
mis recuerdos, vuelvo a vivir
un antiguo sabor de litargirio.
Estornudo... releo las cartas,
yo sí era de Alicia.
Derechos reservados
© Argemiro Menco Mendoza
Jorge Nájar
(Pucallpa-Perú, 1946). Estudió en Lima Educación y Ciencias Humanas en
SANGUINARIA
Contemplar el mar de arena
con el alma podrida y el corazón humeante.
A un lado humea el camino férreo.
Y al otro, las huellas de los hombres.
Entre ellos avanzamos, ¿en pos de qué?
Extraviados en el azul púrpura del cielo,
a dos pasos del amor,
el corazón se desplaza gritando
palabras sordas en el delirio,
cantos mudos: sólo quiero que en mí
cohabiten el musgaño de los campos
con la rata urbana de este siglo.
Así llegué una noche a Sanguinaria,
puerta de infierno donde se goza más
aunque el rayo nos quiebre
buscando otra felicidad.
INMOLACIÓN
Al otro lado del mundo
arde la hierba sobre la nieve,
y yo me abrigo entre las tibias rocas
buscando consuelo.
¡Espérame!, grita una voz anónima
entre las breñas que rompe el camino.
¡Espérame, por la flor de un día!
En la hoguera el fuego conspira
con los copos del invierno.
Al otro lado del mundo,
donde abro camino en el silencio,
nunca aurora alguna fue tan hermosa
como aquella entre el hielo y el fuego.
DELICIAS
En el horizonte el monte vibra
entre la bruma primaveral.
¡La montaña de los locos!
Presiento que hacia allí voy
flotando en el aire lila.
Nítida y andarina
la felicidad pasa ante mis ojos.
Presiento que hacia ella voy
mientras saboreo unas hierbas
en la ventana del vagón.
Esas delicias se fundirán en mi boca
como en el tiempo felicidad y locura,
esas sombras que pasan cualquier tarde,
todas las tardes, por la playa,
entre el aire lila y el olor de las algas.
Derechos reservados
© Jorge Nájar
Luis Alejandro Contreras
ISBN 978-958-98023-1-1
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Contracorrientes, Sentencias en incertidumbre, cuaderno de memorias que entrevera muy al propósito vivencias, sueños y meditaciones literarias ha sido recientemente publicado por la editorial Bid & Co. Y, aparte de esta edición de Cuadernario, se ocupa en la publicación de un poemario con el sello Editorial Memorias de Altagracia, colección Celacanto.
A
A todo aquel que sublima la oración
pártele un rayo
arte y canto de la luz sagrada.
A punto de caer exhausto,
de soltar las amarras que me han sostenido
entre las comisuras del aire,
inhalo una bocanada de luz
que evoca pasajes de una vida vivida
a cielo descubierto.
Veo siete velas danzando sobre la tersura
del hambre.
Y siete caballos durmiendo
dentro del sueño de un lupanar.
De pronto lo descubro, yo soy ese sueño,
caminando de puntillas entre resuellos de olvido.
Son siete bestias blancas,
sus sinuosidades instigan la brutalidad del amor.
Más tarde me encuentro a la orilla
de un río subterráneo
y veo pasar un anciano gondolero
con facciones de Caronte.
Con voz quebrada que oculta
una indecible potencia,
masculla un estribillo que reza:
todo sentimiento es impar,
todo sentimiento es impar,
todo sentimiento es impar
b
Brilla un brillo partido.
Sus destellos de luz
no prefiguran
que son hijos
de un mínimo caos.
Una copa, al caer,
no puede imaginar
la suerte de abanicos
que albergan los inefables pechos
de mujeres que juegan
a ser vulvas de Diosa
y, más allá o más acá,
tampoco podrá imaginar
que la vida de un hombre
se disuelve en el cedazo
del amor no declarado
(no declarado para sí, quiero decir);
pero, entre tanto,
persistirán los destellos
en los cristales de la pulverizada copa
que vino cayendo desde el instante
en que nos percatamos cuán alejados estamos
del vivir
C
Curva prestísima
hacia la que mi cuerpo asciende
Muladar de huesos rotos
de tanto luchar con la sombra
de una realidad virtual
Arenisca
Eso soy
Mas, también, curva prestísima
hacia la que mi cuerpo asciende
Jorge Cadavid

ISBN 978-958-98023-0-4
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Nació en Pamplona, Norte de Santander, en 1962. Estudió Lingüística y Literatura en la Universidad de su ciudad natal, se especializó en Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Sevilla, España. Es autor de tres volúmenes de poesía: La nada (Universidad de Antioquia, 2000), Un leve mandamiento (Trilce Editores, 2002) y Diario del entomólogo (Fondo Editorial Eafit, 2003). Publicó una antología del poema breve bajo el título de Ultrantología (Cástor y Pólux, 2003). Es profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Javeriana. Colaborador del Boletín cultural y bibliográfico de la Biblioteca Luis Ángel Arango y de la Revista Universidad de Antioquia. Ganador, en 2003 del Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, con su libro El vuelo inmóvil (Universidad Nacional, 2004).
SUCESO DE UNA VISLUMBRE
Por Elkin RestrepoEl lector advertirá seguramente que ni las palabras, ni la experiencia, ni el sentido que aventuran este singular libro, son los propios y corrientes de la poesía colombiana. Desde el mismo título, El derviche, lo podrá comprobar y comprobará también que sus nociones son las de una tradición distinta que, en su continuo afán y propósitos, tiene también los de modelar la más alta de las experiencias humanas: la experiencia mística.
Desde que era estudiante en Sevilla, España, su autor se ha dedicado al estudio e investigación de la mística sufí, tan ajena a nuestros hábitos espirituales, a pesar de que ella está en la raíz misma de la poesía de San Juan de la Cruz. De ahí que, entre nosotros, pocos puedan hablar con tanta autoridad y saber de estos asuntos, a los cuales ha llegado no sólo por una preocupación intelectual, sino también por un anhelo de trascendencia. Por una necesidad, llamémosla religiosa, del decir poético.
Que en sus poemas palabras como giróvago, derviche, morada, gracia, danza, infinito, etc., se reiteren una y otra vez –¿cómo descreer del vocabulario esencial de un autor?– deja muy en claro el carácter y la índole de su perplejidad. Poemas, además, que al acatar el relato de un instante privilegiado, inmerso de todas maneras en la trama de los hechos corrientes, hacen también suya una dificultad o paradoja: el verbo es el suceso de una vislumbre que, por su naturaleza, no se puede expresar a cabalidad. O, mejor, que sólo se puede comunicar de manera indirecta o alegórica quizá porque, como nos lo dice el verso homérico, al hombre no le está dado mirar al dios a la cara.
Para ahondar en este camino, el autor se sirve de formas poéticas ya probadas por quienes, como él, han buscado comunicar una experiencia semejante: el canto llano, la composición breve. Para el poeta, la palabra y el poema han de adelgazarse hasta hacerse esenciales y, la mejor manera, por supuesto, no está en el adjetivo que se agrega, en los largos períodos compositivos, en la frondosa locuacidad sino, por el contrario, en el verso simple, certero y luminoso que tienta incluso al silencio, ya que aspira a la mayor de las plenitudes. ¿De qué otra manera podría construirse esa ebria amistad entre el instante y la eternidad, que es la materia de su poesía?
No sabe nombrar
pero dice la verdad
Además, porque, como tan bellamente lo dice:
La huella luminosa
es devorada por sus reflejos
Quien busca lo inefable, en lo inefable se pierde.
Reflejo verbal, testimonio de una gracia, este libro y estos poemas, con todo, evidencian un sentimiento muy particular, pues no participan de ortodoxias, dogmas o credos, no acuden a un Dios conocido. Hablan de una religiosidad sin religión y de un sentimiento que rehace a cada momento sus propios caminos por privilegio de la poesía.
Poesía, pues, leal a tiempos de incertidumbre como éstos y que, al afirmar el humano quehacer, lo hace por esto…por incierto. Y porque en ello se fundamenta toda su grandeza.
GIRÓVAGOS
Algo falta
en la superficie
redonda de la tierra
No cabe la fe
en cuatro puntos cardinales
ni en cinco sentidos
DISCURSO DEL PESCADOR
Pescar desde muy alto
un cuerpo de escritura escamada
Las letras componen un cardumen
la lectura ondula los renglones
La palabra ahogada
flota entre dos aguas HIPÓTESIS DEL PAISAJE
Las palabras se asemejan a las piedras
una apoyada en otra
van formando un muro
Las casas se levantan con piedras
Las piedras caen
Las casas se desploman en ruinas
Los hombres a veces se sostienen
erguidos sólo por una palabra
Derechos reservados
© Jorge Cadavid
Robert Max Steenkist
ISBN 958-97620-8-5
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Robert Max Steenkist León (1982). Graduado en Literatura de la Universidad de Los Andes, 2006. Actualmente continúa su formación académica en la Universidad de Leiden, Holanda. Se ha desempeñado como funcionario de la Oficina de Carnavales del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, asistente de Investigación en el Centro para el Fomento del Libro y la Lectura en América Latina y el Caribe (CERLALC- UNESCO), jurado de diversos concursos de cuento y poesía, fotógrafo y periodista. Ha hecho parte del programa Confabulario de la Cadena Básica de RCN Radio y es cofundador del proyecto Seiquivia.
Las excusas del desterrado
Marcado está el camino sobre el que debo
volver mis dilatados cauces,
aún cuando sé que no merezco de nuevo
las palabras que se doman
los símiles complementarios
las mentiras
o lo eficaz de la enumeración.
Prefiero no llegar completo
por sacudirme de lo marcado.
Quise a mujeres de piedra
y mis heridas brillaron ante la palabra miedo.
Y a punto de partir,
sé que nunca vuelve el que se fue
y que del amor queda un solo final
que se llama destierro.
Mare MAgnum
Que me aconseje el mar
Miguel Hernández
El mar es un avance
de ostras rotas
sobre lomos de espuma,
un juego y un coito
que se adelanta
según los siglos y los segundos.
El mar muerde la arena
con la furia de una sábana mojada
y la insistencia de algo que no termina de llegar.
Dejas de ser terreno
Una ambulancia pasa.
La sirena
golpea los cristales
con el afán de mariposas eléctricas.
Así van terminando las penas de este mundo.
JHS
Alguien te dio las gracias
por el brillo de tu cuerpo lacerado
Hombre astillado
A mi no me pidas tanto
Derechos reservados
© Robert Max Steenkist
Claude Michel Cluny
ISBN 958-97620-7-7
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Armando Villegas
(París, 1930). Poeta, novelista y ensayista, es una de las voces más celebradas de la literatura francesa contemporánea. Premio Guillaume Apollinaire y Gran Premio de la Academia Francesa por el conjunto de su obra.
El universo cluny: PRÓLOGO
Por Jorge Nájar
«Escribir más allá de la anécdota, de la obsesión o del dolor», sentenciaba Claude Michel Cluny (Charleville-Francia, 1930) en el prólogo de su Obra poética I, publicada en 1991; la gran verdad y el gran anhelo de todo poeta. Desde entonces he leído la mayoría de su obra y ahora puedo decir que es el más asiático de los poetas franceses de nuestros días; y para prueba esta pieza extraída de «Hojas de Sombra»: «Saborea todos los placeres / sin vergüenza ni prejuicios. / Siempre un poco más acá de tu hambre». Se condensa en ella la sabiduría agridulce de un Basho en combinación con las complicidades de un Omar Khayyam y la lucidez de un Heráclito, es decir experiencia e ironía, modestia y lucidez, algo de cierta actitud Zen, sólida y suficientemente compacta como para no extraviarnos en medio de los ajetreos, las excitaciones y los conflictos. La calma que propone no es la del letargo sino más bien un sentimiento de alerta que nos aligera la existencia; algo cercano al sentir y a la serenidad de los sabios japoneses; antiguo y moderno en lo que de ello tiene la búsqueda y el disfrute de los placeres. Pero Cluny es también, y al mismo tiempo, helénico en su visión del arte de escribir y de vivir. Y a medida que penetramos en el espacio poético que ha creado, también veremos que es sefardí y australiano; quechua, aymara, criollo e indo americano de memoria oculta entre los estragos de las piedras destruidas por la historia; e incluso resulta ser el más extraterreno de todos los viajeros incógnitos que cruzan el planeta.
Un sentimiento extraño brota tras la lectura de los textos en prosa que componen «Poemas del fondo del ojo». Ellos relatan una exploración en un país imaginario poblado de seres que navegan entre la existencia y la inexistencia. No por eso la aventura nos traslada a un territorio de quimeras en el que nuestras maneras de pensar y de llevar la vida no tienen sitio. La voz poética tiene entonaciones antropológicas y sociológicas, sin faltar elementos de lo que se podría calificar de geografía-ficción. Pero todo es espejismo. En realidad los habitantes de esas regiones –los Osoletas– son más bien seres que nos intrigan, que nos interrogan, que están en todas partes porque viven dentro de nosotros, tal vez para exorcizar cierto anhelo de otra especie y en otras circunstancias. El viajero que los ha descubierto es un geómetra, un agrimensor, un experto catastral que asume los riesgos de esa aventura y los presenta con un estilo nervioso y al mismo tiempo distante: «Por lo menos poseen algo humano: ríen. Ríen en el viento que gira, como las hienas, y es para quedarse sordos. Ríen con la energía de una sirena desde el fondo de su cuerpo que flota.» Estamos ante un viajero incógnito que ha llegado más allá de la observación del paisaje y de los detalles de esa sociedad. Ha llegado adentro de nosotros.
Ese «Viajero incógnito» le da precisamente título a otro de sus libros. Habita en él un hombre anónimo que avanza en la luz del tiempo sin detenerse porque la belleza está en todas partes y él quiere estar allí donde ella brota. Su camino cruza por praderas de corales y montañas de sal, por desiertos y conglomerados humanos. Y lo que ve, siente, piensa e imagina, al transmitirlo, no tiene ningún entrabe de tan habitada como está su palabra. Tiene, sí, exaltaciones y resacas, así como la certeza de una gran verdad: aquí estamos, en la soledad de los desiertos; aquí estamos, en la multitud planetaria, en el griterío de los suburbios; aquí estamos, a la sombra de los palacios. El hombre planetario, en fin, en todo el espacio. Y precisamente el espacio poético que abarca su obra, más allá del desplazamiento geográfico, se profundiza, se llena de luces, se carga de ironía y colores, se enriquece de alusiones culturales y psicológicas, en su particular relación con el tiempo. Su verso se ilumina con una gama de colores intensos (amarillos, rojos, y toda la variedad de los azules), enriquecidos por su visión de la Historia. Sus desplazamientos son, a su vez, por el espacio y por el tiempo, una manera de recuperar memorias enterradas y de revelarnos sus diferentes estratos.
¿Qué lugar ocupa, dentro de su tradición, la obra de un creador de estas características? La poesía francesa de nuestros días es un enorme laboratorio en el que se practica tanto las más atrevidas experimentaciones formales como la creación de nuevas aventuras semejantes a la de un Rimbaud, sin dejar de lado supervivencias del surrealismo y la confrontación ante lo incógnito, el mito y el redescubrimiento de los espíritus sacros que han logrado sobrevivir a la crisis ontológica que ha azotado a todo Occidente durante las últimas décadas. La poesía, sostiene Cluny, es inventora de la memoria y fundadora de divinidades. Tal vez por eso en la suya habita una mezcla de fe e inmoralidad, de sensualidad y cuestionamiento; una extraña combinación de respeto, irreverencia y pesimismo, que por momentos llega a convertirse en voz de un oráculo que emerge de la tierra, de los olores del paisaje y del propio pasado del poeta. Como se verá en la lectura de esta muestra, su vena también está nutrida por tintes de irreverencia, humor y sarcasmo. A veces adquiere vocación etnológica, arqueológica y naturalista. La obra de Claude Michel Cluny, desde la aparición de su primer poemario hasta su más reciente entrega, ha navegado por todos esos mares. Al enfrentarse con ella el lector se confrontará con situaciones de ayer y hoy, helénicas, romanas, africanas, asiáticas, europeas, latinoamericanas, como si todo el planeta fuera parte de su jardín familiar. Como si toda la historia del genero humano le incumbiera, su palabra alumbra los rincones más oscuros de un mundo multifacético, y en el que algunos de ellos precisamente han permanecido todavía más en la luz o más en la sombra que otros; o si se quiere, unos más abajo o más arriba que los otros; más visibles o más invisibles entre unas sombras monumentales.
No se trata pues sólo de una ópera llena de luz y brío, de sentido del humor, de melodías a menudo clásicas pero vistas desde un nuevo ángulo, sino también de una extraña combinatoria de ternura y crueldad. El poeta se enfrenta ante la realidad con cierta chanza y una distinguida elegancia que le permiten ocultarse detrás de la belleza de las formas y de los rostros, de las obras de arte o de los lejanos lugares de su vagabundeo. La mirada acerada, el juicio de la historia, el tono y el sentido del humor esparcidos a lo largo de las composiciones de esta muestra son los pilares en los que se asienta su voz. Cluny habla con el hombre de todos los días y también con las momias sobre el sinsentido de la existencia para subrayar la situación en la que aún perduran los que sobreviven. Pero lo verdaderamente interesante es que no necesita mayores argumentaciones ni la exposición documental a la que recurren los preocupados por el destino de las civilizaciones. A Cluny le basta con aludir a la belleza inaccesible del paisaje, a los colores del viento, a ciertos detalles minúsculos de viejos ceramios, al sudor de las bestia, a todo lo que es visible, para hacernos sentir el destino de los hombres: aquí estamos, todos, confrontados con nuestro destino, en el único espacio en el que ha sido posible la vida.
DISTANCIAS
Es asombroso el silencio en ese mundo sin chatarra ni petróleo. Si no truena alguna tormenta sólo se oye la voz de la resaca. Porque el agua está en todas partes, en charcos, lagos, océanos llanos y en tediosos canales que cambian todo el tiempo de sentido y de forma. Y a menos que ocurra una masacre de osoletas por una banda de halcones –¡ah el castañeteo militar de sus picos!—, el silencio es casi absoluto, un rumor de seda que se arrastra por la arena, viento que se desgarra triste y dulce. Soñamos con la era en que en nuestros desiertos no había ruidos. La tranquilidad debía picarnos como aquí —¿pero acaso estuvimos ahí? Impera, y nos estrecha el corazón como el canto de un navío perdido. ¡Qué ironía pensar en el silencio como si fuera una melodía! Su silencio tan bello, ellos no quieren venderlo. Y no les interesa en nada los tesoros de ciencia que podríamos ofrecerles a cambio.
Son una raza distinta. Se callan en cuanto llegamos. Especie sospechosa, no nos quieren.
DE LOS DIOSES
¿En qué creen? Allí no hay ni cruz ni bandera. Sólo el viento por profeta y la noche para dormir. Se olvidan del cielo sobre sus cabezas, las tormentas y los estragos. El tiempo, el viento y sus pasos borran en el acto las cartas de la ley. Aman al sol como una cosa necesaria y, al salir de sus noches lentas, lo saludan; pero al poco dejan de pensar en él. El odio y el furor deforman el rostro oculto de los dioses: truenan desde sus buhardillas sagradas. Maldicen a la raza y su indiferencia. Ellos prefieren el anatema… A veces, en verano, los dioses no pueden más: invaden un alma en pena y la enloquecen. Hacen que su boca sea su teatro, en el que se agitan la injuria, el lamento y la súplica. Pero al enloquecido la multitud lo abraza, la multitud lo apaga como se sopla una lámpara, como uno achica una mecha humeante. ¿Tal vez sea que creen más en el silencio?
GÉRICAULT
¡Retrato del Destino como sordo
(espero que no lo hayas hecho a propósito)!
De pie sobre los estribos
tal vez fueron esos jinetes
al galope lejos cerca de ti
quienes te creyeron Centauro y sin temor
o Sagitario de rasgos celestes
más seguros que las flechas del Tiempo,
todos corriendo hacia la entrada
sabiendo que tu mano sin ninguna duda los fijaría…
Sólo tu montura tuvo ojos para ver ahí un tigre
quién sabe. Y caíste.
Buscar un sueño nos puede matar
Pero tú no lo oíste, ni venir ni sonreír.
Libro ilustrado con obra de Armando Villegas
Derechos reservados
© Claude Michel Cluny
Mairym Cruz-Bernall
ISBN 958-97620-5-0
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra escultórica: Julia Merizalde
(Mayagüez, Puerto Rico, 25 de octubre de 1963). Estudió psicología en Loyola University, New Orleans (Louisiana) y posee una maestría en Escritura Creativa de Vermont College, Norwich University. Ha publicado: Poemas para no morir, Mairena, San Juan, 1995; Ballad of The Blood/Balada de la sangre (edición y traducción al inglés de la poeta cubana María Elena Cruz Varela), Ecco Press-HarperCollins, Nueva York, 1995; On Her Face the Light of La Luna, Provincetown Arts Press, Provincetown, 1997; Cuando él es adiós, Universidad de Puerto Rico, 1997; Soy dos mujeres en silencio que te miran, Torremozas, Madrid, 1998; Encajes negros, Casa del Poeta Peruano, Lima, 1999; Querida amiga, querido amigo, coautora junto al cantante Danny Rivera, Isla Negra Editores, San Juan, 1999; Alas de Islas, Oveja Negra, Bogotá, 2003; Enferma de mi deseo, Fondo de Cultura Económica, México, 2006. Dirigió el grupo artístico-literario Puertas (1993-1999). Presidió el V Encuentro Internacional de Escritoras en Puerto Rico, donde más de 300 participantes firmaron un Manifiesto por la Paz, el 3 de mayo de 2003, cuando la marina de guerra de los Estados Unidos salió de la isla de Vieques, conviertiéndose en un territorio liberado.
Niña frente al mar
me acuerdo cuando dejé de llorar
no que no quisiera la tristeza
sorprendida de mares el horizonte sería eterno
me levanté con mi niña a cuestas
no la que tuve después
sino la que llevo adentro
seguí el camino estelar de espuma y sal
sin destino ni ancla ni puerto
ni amante seguro
sin importar el padre
heredé mi palacio
con dos cuerpos de agua
y un infinito azul
que rezo como techo
donde la lluvia siempre es libre
he estado loca
he fingido cordura
nadie ha contado las mujeres que me habitan
a más de dos o tres hombres recordaré
cuando la diestra de su mano
ha sabido la caricia, la precisa
lo demás son sombras
leve brisa de liviano recuerdo
estoy lista para el después
dejo mi cabello largo
un hombre de otras tierras
se columpia en él
lo deseo selva desnudo
hablándome al oído izquierdo
besándome los ojos y las pestañas
propone un amor hereje
soy otra vestida de negro
ungida por el dulzor del sexo
entre dos mujeres no fui la sagrada
opté por la mujer profana
mi boca siempre fue la invitación al beso
terminada la sesión
amo y soy deseada
la visión al fondo de la cueva
Sylvia
Understand the tulips, how much they hurt
Set your voice free, my darling
We are but walking miracles sliding through the light
The fluted glass allows me to breathe fresh air
Death is an art you can get used to
Come breathe from my mouth
Derechos reservados
© Mairym Cruz-Bernall
Felipe Martínez Pinzón
ISBN 958-97620-6-9
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Darío Ortiz
Nació en Bogotá, Colombia, en 1980. Es literato y abogado de la Universidad de los Andes. Actualmente es profesor investigador del departamento de Literatura de esa Universidad. Su poema «Las mil victorias del árbol» le mereció la beca del British Council en 1998, para viajar a Bournemouth, Inglaterra, a hacer estudios de lengua y literatura inglesas.
Ganador de los premios de poesía de la Universidad de los Andes en los años 1999 y 2000. Sus poemas han aparecido en las revistas Vuelta de Tuerca, De Segunda Mano y en la antología El amplio jardín: poesía joven de Colombia y Uruguay (2005).
Ha publicado La mejor bomba es el libro (Colección de Monografías Meritorias del Departamento de Literatura, Uniandes, 2005), ensayo crítico sobre la novela El maestro y Margarita del escritor Mijaíl Bulgákov; además de varios artículos académicos sobre literatura latinoamericana. En el año 2006 publicó Sólo queda gritar en la Colección Los Conjurados de Común Presencia Editores.
LAS palabras del equilibrista
Mi poesía es una cuerda templada.
Ahí me paro, cómodo e impresionado,
a mirar el mundo a punto de caer.
¿El mundo? ¿Yo?
Sudando en esta palabrería de equilibrista,
mis versos templan los miedos al vacío,
suavizan el aire, impidiéndome caer.
Detrás de esta página
(que es poco, no hay quien mejor lo sufra),
lo silencioso, lo que trago en babas de olvido.
Cuando escribo esta palabra, callo las otras
sin saberlo.
Me gustaría leer el revés de este papel
mientras escribo, por un lado,
con un espejo o con un carbón.
Así me descubriría en lo que más quiero
y no puedo encontrar, que me obliga
a terminar esto con la bala de mi punto,
redondo como un ojo para ver
lejos de las tareas olvidables
cómo se apoya en el espacio
todo lo que no ha de hacerse sonido nunca:
¿qué hay?
cuando Vuelvo a escribir
murmurándola como un Lázaro
que aprende un nuevo idioma,
un murciélago salió de mi boca
rompiendo las telarañas, tocando
sus débiles cuerdas que se engrosaban
en el espacio, esparciendo el polvo,
desordenando el silencio,
desplumándolo y haciéndolo silbar
en pequeñas caracuchas mojadas
que la luz abría y cerraba como ojos.
Derechos reservados
© Felipe Martínez Pinzón
Mario Eraso Belalcázar
ISBN 958-97417-8-9
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
(Pasto - Colombia, 1967). Es Licenciado en Literatura y Lengua Española, Universidad del Cauca; Magister en Literatura, Pontificia Universidad Javeriana. Ganador del Segundo Lugar en el Concurso de Poesía ICFES, 1988; Primer Lugar en la Convocatoria Departamental de Poesía «Luis Felipe de La Rosa», Pasto, 1993; Segundo Lugar en el Concurso Nacional de Cuento para Trabajadores, Medellín, 1998. Figura en la Antología Quién es quién en la poesía colombiana (Bogotá, 1998) y en la Antología de poetas y narradores nariñenses (Pasto, 2003). Invitado a la XI Feria Internacional del Libro (Caracas, 2004). Obtuvo el reconocimiento de la Asamblea Departamental de Nariño por sus méritos literarios en agosto de 2004. Sus poemas aparecen en Extravío (1993) y en la publicación del Cuarto Concurso Universitario de Poseía ICFES. Desde el año 2002 vive en la Ciudad de México donde realiza el doctorado en Literatura Hispánica en El Colegio de México. En el año 2005 publicó Cementerio en la Colección Los Conjurados de Común Presencia Editores.
fE en la poesía: PRÓLOGO
Por Armando Rojas Guardia
Nunca he creído que los libros de poemas necesiten un prólogo. Los textos líricos deben presentarse a la conciencia –y también al inconsciente– del lector por sí mismos, desnudos, sin mediaciones preten-didamente autorizadas. Sin embargo, dada la rara originalidad de estos poemas acepto complacido la tarea de prologarlos, sin otro objetivo que compartir mi agradecimiento por el regalo inesperado que han representado en mi vida.
Cementerio de Mario Eraso confirma mi fe en la poesía. Invito al lector a leer íntegro el primer poema del libro, verdadera columna vertebral de todo el volumen: quedará deslumbrado tanto por el enfoque temático como por el sobreabundante espesor lírico de su discurso.
Se trata de un largo poema, escrito desde la rabia y la compasión, con cadencia litúrgica, casi litánica, de salmo. Los versos van cayendo en el alma de quien los lee como pesadas gotas de materia verbal quintaesenciada, produciendo el impacto cognoscitivo y también sensorial que sólo la gran poesía desencadena en nosotros.
Se me ocurre destacar tres aspectos del lirismo de estos textos que imantaron enseguida mi atención. El primero es el alcance simbólico y analógico de ellos. El lector encontrará en estos poemas una vida cotidiana inmediatamente reconocible, pero transmutada en alta realidad verbal. Esa transmutación está lograda mediante una magnífica, por asertiva, exuberancia metafórica, es decir, una estupenda manera de encontrar y producir correspondencias insólitas entre fenómenos, hechos y cosas aparentemente disímiles. Esta gran capacidad analógica va de la mano con el logro simbólico. Detalles menudos y personajes callejeros, como arrancados de la vida diaria del poeta, alcanzan en este poemario, gracias a la elaboración lírica, estatuto de símbolos universales.
El otro aspecto notable es el ritmo. Se trata de una musicalidad a ratos asordinada y a ratos hímnica, pero cuya envolvente cadencia arrastra a la lectura desde la primera hasta la última página. No es una música fácil, anestesiante: forma parte de la propuesta estética implícita en el libro esta apuesta por una versificación compleja, abrupta o larga según los casos, pero siempre palpitantemente sonora, cuyos compases sabe el lector agradecer con la misma gratitud con la que se oye el caer monocorde de la lluvia o la risa innumerable del mar.
El último aspecto que deseo señalar consiste en lo siguiente: la poesía que exhiben estos textos es culta. No por las referencias literarias de las que se hace gala dentro de ella, sino por una causa todavía más determinante y sutil: el lector toma inmediata conciencia de que sólo un poeta que ha estudiado a fondo la lírica de nuestro idioma, tanto clásica como contemporánea, ha podido diseñar y elaborar estos poemas. Es como si la sustancia, el sustrato, el último fondo de este libro sólo hubiera sido posible a través de una inmersión meditativa en las corrientes más hondas y vivaces de la poesía occidental y, más en concreto, hispánica.
Para ser el primer libro de textos líricos de un joven autor constituye todo un logro. Mario Eraso pertenece a un país que ostenta una gran tradición poética: su nombre se inscribe en ella con dignidad, originalidad y altura.
Atrapado por la luz
Luciendo la vieja armadura del buey
Electrizado
Trasnocho rodeado de raíces de oro
Las habitaciones destronadas
Páramo
El árbol pelado
Ardiendo
El hombre decía éstas son mis manos
Y ansioso penetraba la espesura
Decía éstas son mis piernas
Se erguía del pantano haciendo un soplo
Decía ésta es mi boca
Y el abecedario tomaba fuerza
Se confundía
Los que tienen la mordedura
De los higos hervidos en talento
Los que cruzan las puertas
En raudos vagones de alas transparentes
Brotan en el pecho amarillo
Y huesudo de la sagrada jungla
Doblegan los capullos de la tiniebla
Coronada de monstruosas pupilas
Una sola gota en la noche de su rostro
Y pelos de maíz
Tartamudeantes
Una sola gota que se mude en relámpago
Luego
Los huesos de la boca
Los huesos de la boca más lejana
Y miedo
Derechos reservados
© Mario Eraso Belalcázar
Gonzalo Márquez Cristo
Colección Los Conjurados
Común Presencia Editores
Obra pictórica: Fernando Maldonado
Es creador y coordinador de la colección de literatura Los Conjurados. Obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Maurice Blanchot (2007), con su trabajo "La Pregunta del Origen".
Su obra ha sido comentada por importantes poetas y pensadores de nuestro tiempo como: E.M. Cioran, Roberto Juarroz, José Ángel Valente, Fernand Verhesen, António Ramos Rosa, Alfredo Silva Estrada, Claude Fell, Roger Munier, Eugenio Montejo, Jorge Rodríguez Padrón, Olga Orozco...
E-mail de Gonzalo Márquez Cristo: comunpresencia@yahoo.com
Descenso a la luz
La noche es mi regreso. Transito el museo de la ausencia.
Todo sufrimiento es inútil para quien no persigue la poesía, para quien no alimenta con sus ojos a las águilas.
Ejercito la sed. Amo tan sólo a quienes no pude salvar.
Ya no existe una oscuridad que guíe nuestros sueños ni los fantasmas del deseo inconcluso; sólo el abyecto intercambio que ha remplazado al rito.
Ya no busco, pierdo...
Y ni siquiera encuentro lugar en el asombro.
No puedo olvidar más. Ni pretendo saber las tres respuestas ocultas por la muerte.
Aquí nadie carece del odio necesario para recobrar el paraíso, ni confiesa su ruda caída en el día.
Debo ser sombra o grito. Retorno o nacimiento.
Cada origen decretará la abolición del yo.
Es entonces cuando la respiración será verde.
Y aunque todo se lo deba al dolor... Avanzo: caigo. Elijo los caminos que no tienen final. Las voces que incendian las tinieblas. El poema.
Tú lo sabes, cuerpo estremecido:
No es en el tiempo donde he puesto mis palabras.
Restituciones
Pretendo que todo lo perdido se convierta en poema.
Las heridas como los huracanes tienen nombre. Y aunque ignoro por qué a mi alrededor nacen los abismos, desde el origen fui mancillado por la felicidad, por su cima inclemente.
Las invasoras restas del recuerdo. La pugna de la raíz. La antigüedad del silencio...
No pongo flores en el cementerio del sueño, pero continúo a pesar de todas las arenas movedizas del espíritu.
La culpa que no te deja partir es el amor.
Y ahora la niebla, la lluvia, la ausencia...
El desequilibrio llamado belleza, la terrible orfandad de lo sagrado, la rosa ígnea que me guía en la desesperación...
Sé que el camino terminará por encontrarme.
Como todo lo que se hace visible para morir.
OSCURO NACIMIENTO
Fuera de ti, amo sólo lo que es de todos...
Destruyo mi alianza con el sol. Mi fin acabará por encontrarme. Convertida en fragmentos me guías al nuevo sabor, saber del agua. ¿Cuántos sueños no hemos usado?
Giras, te perfeccionas: te tornas vegetal. Tus dedos caen como hojas... Una palabra agoniza. Enceguezco.
Ninguna de mis preguntas tiene respuesta, dices con voz de ámbar. Ni soledad, ni nacimiento...
Los ojos se rebelan. Surge entre nosotros un dios efímero que debemos devorar. Atemorizados entregamos los nombres. Aprendemos las primeras sílabas. No es posible descreer del miedo con sus fundaciones, sus túneles sagrados, sus sombrías génesis, sus evasivas ardientes... Aunque a veces nos distancie el amor.
Nadie arde dos veces en el mismo fuego.
Mujer, trae la tierra, abrígate con tu sombra. Renuévate en las tinieblas, escapa en tu respiración... No sustituyas la muerte por la escritura de la verticalidad...
Escucha venir el tiempo.
(A Pilar, dibujo en el agua)
Génesis
Para sobrevivir nos arriesgamos a la memoria, nos entregamos al vacío.
Ya conocimos el ave de rapiña del viento y la serpiente del agua. El silencio jamás volverá a separarnos.
Regresamos al sílex, escuchamos la oración del fuego.
Emprendemos el numinoso sobresalto. Vivimos la voracidad de los hallazgos y el juego espectral del deseo.
El único fruto del árbol al que no podemos renunciar es a su sombra. Sufrimos la persecución de la primavera –y fue allí donde la palabra se hizo verde.
Lo que más dura es el instante, lo que más oculta es la luz.
Cuando se interrumpe el tiempo alguien decide nacer.
Derechos reservados
© Gonzalo Márquez Cristo
Antología poesía mexicana

ISBN 958-97417-9-7
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Martha Meza
Rubén Bonifaz Nuño (1923), Rosario Castellanos (1925), Jaime Sabines (1926), Eduardo Lizalde (1929), Marco Antonio Montes de Oca (1932), Ulalume González de León (1932), Juan Bañuelos (1932), Hugo Gutiérrez Vega (1934), Gerardo Deniz (1934), Gabriel Zaid (1934), Francisco Cervantes (1938), José Emilio Pacheco (1939), Homero Aridjis (1940), Gloria Gervitz (1943), Francisco Hernández (1946), Elsa Cross (1946), Antonio Deltoro (1947), Mariano Flores Castro (1948), Marco Antonio Campos (1949), Efraín Bartolomé (1950) , José Luis Rivas (1950), Manuel Ulacia (1953), Vicente Quirarte (1954), Víctor Manuel Mendiola (1954), Verónica Volkow (1955)
Esta antología publicada por la UNAM y Común Presencia Editores en el año 2005, fue preparada por:
Miguel Ángel Zapata. Poeta y ensayista peruano. Ha publicado recientemente los libros: Cuervos (México, 2003); Luces de la memoria. Conversaciones con Isaac Goldemberg (Caracas, 2003); Moradas de la voz. Notas sobre la poesía hispanoamericana contemporánea (Lima, 2002); El cielo que me escribe (México, 2002); Nueva poesía latinoamericana (México, 1999); Metáfora de la experiencia. La poesía de Antonio Cisneros (Lima, 1998); Escribir bajo el polvo (Lima, 2000) y Lumbre de la letra (Lima, 1997); entre otros. Es doctor en Filosofía por Washington University, Estados Unidos, y en la actualidad es profesor principal de literatura hispanoamericana en Hofstra University, Nueva York.
Víctor Manuel Mendiola Patiño. Nació en la Ciudad de México en 1954. En 1981 fue becario del Centro Mexicano de Escritores bajo la dirección de Salvador Elizondo y Juan Rulfo. También fue escritor residente en Banff, Canadá; becario del Sistema Nacional de Creadores y presidente del PEN Club de México (1997-2000). Ganó el Premio Latino de Literatura (2005) por su libro de poemas Tan Oro y Ogro, otorgado por el Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York. Es director de Ediciones El Tucán de Virginia y del Festival Internacional de Literatura en Taumalipas, Letras en el Golfo. Ha publicado: Poemas (1980), Sonetos a las cosas (1982), Nubes (1987), El ojo (1994), Vuelo 294 (1997), Las 12:00 en Malinalco (1998), Papel revolución (2000), La novia del cuerpo (2002), Tan oro y ogro (antología, 2003).
Miguel Gomes. Nació en Caracas, Venezuela, en 1964. Su labor como ensayista y crítico se ha divulgado en revistas literarias y universitarias internacionales (Vuelta, Letras Libres, Paréntesis, Gaceta del F.C.E., Hueso Húmero, Review, Hispanic Review, Revista Iberoamericana, etc.) e incluye varios volúmenes, entre los que cabe mencionar Horas de crítica (2002), Los géneros literarios en Hispanoamérica (1999) y Poéticas del ensayo venezolano del siglo XX (1996). Vive desde 1989 en Estados Unidos y trabaja como profesor de postgrado en la Universidad de Connecticut. Ha publicado: Visión memorable (1987); La cueva de Altamira (1992); De fantasmas y destierros (2003) y Un fantasma portugués (2004). Este último volumen recibió en Caracas el Premio Municipal de Narrativa.
José Emilio Pacheco
RETORNO A SÍSIFO
Rodó la piedra y otra vez como antes
la empujaré, la empujaré cuestarriba
para verla rodar de nuevo.
Comienza la batalla que he librado mil veces
contra la piedra y Sísifo y mí mismo.
Piedra que nunca te detendrás en la cima:
te doy las gracias por rodar cuestabajo.
Sin este drama inútil sería inútil la vida.
RANCISCO HERNÁNDEZ
INSTANTÁNEAS
esto no es una orden pero un grano de azúcar
se disuelve en tu lengua
*
la oscuridad es amarilla por dentro
*
el viento trae un cuchillo en la cintura
*
la lluvia escupe
*
tus senos diminutos nunca empiezan
*
la flor que veo desaparece cuando la pienso
*
sacio mi sed en balde
*
tu cuerpo una mano vacía
mARCO antonio campos
MI ODIO
se tardan un diciembre;
a los que después de haber escrito
versos de perro dolido
mendigan la alabanza ajena.
Odio a los que desprecian
la mujer que los acosa
por un sueño que nunca alcanzarán,
y a los que con teología
–pulcramente inexacta–
se sirven de los imbéciles.
Día a día, Marco Antonio Campos
vigilé tus actos
Derechos reservados
© Zapata, Mendiola, Gomes
Javier González Luna
ISBN 958-97417-6-2
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
LA MONTAÑA VAPORIZADA
Por qué creemos más real lo sólido
Que lo etéreo?
Por qué más real lo visible
Que lo invisible?
Por qué creemos más real lo existente
Que lo inexistente?
Por qué más la figura que el vacío?
POÉTICA
Anhelo de ver llegar el día
en que los artificios del barroco
estallen y se dispersen en el aire.
–Presencia ante los ojos–.
No quiero prédica
dogmática ni guirnalda civil.
Aire, aire para esta sed,
para este alud de textos y de voces.
Más claridad. Si no, silencio!
No quiero ruido, discurso,
palabra altisonante.
Despejad el silencio
Acallad el griterío
Quiero luz, transparencia, vuelo.
Talvez después de todo esto
se muestre de nuevo la semilla.
INFANCIA
La memoria orienta porvenires,
presta vigores
al fatigado presente.
El azul rebrilla bajo nueva luz.
Son de nuevo los gritos y las risas,
las veloces palpitaciones.
Es el trigal destellante, rumoroso,
el látigo bautismal de las cascadas,
la miel de la cereza.
Sueño. Infancia perdida
que regresa en cada acto,
en cada deseo,
nutriendo con sangre siempre nueva
ese otro sueño que es el presente.
Libro ilustrado con obra escultórica de Jim Amaral
Derechos reservados
© Javier González Luna
Eduardo Cruz Vázquez
ISBN 958-97417-5-4
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
(Ciudad de México en 1961. Estudió Comunicación Social en la Universidad Autónoma Metropolitana, casa de estudios que le ha publicado dos antologías de su trabajo periodístico: Desde la frontera norte (1991) y Del mismo cuero salen las correas (2002). Es colaborador desde hace varios años del diario El Universal. Como poeta, fue reconocido en 1983 con la beca Salvador Novo del Centro Mexicano de Escritores. En el ámbito de la dramaturgia, en 1995 llevó a escena Los perros de Dios, espectáculo basado en la obra de Josefina Vicens. Como gestor cultural, ha laborado para numerosas instituciones, como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, donde se desempeñó como director de Prensa (1993-1996). Fue agregado cultural de México en Chile (1996-1997) y lo es en Colombia desde junio de 2001. Saldo a favor es su primer libro de prosas poéticas, publicado en la Colección Los Conjurados de Común Presencia Editores, 2005.
Incólume dictadura
Han pasado los años y sigo con el mismo y renovado sistema de organización social. Increíble la manera en que éste ha burlado engaños, promesas incumplidas, conflictos, motines, panfletos, verborrea, asonadas, traiciones, venerables demandas de equidad interna, de modernización ante la supuesta o ilusoria debacle de los modos autoritarios.
Ante la sistemática insatisfacción de las querencias y sus cómplices; de frente a la fuga incontenible, desconsiderada, del poco patrimonio que ostenta ésta mi patria fundada hace varias décadas y de cara a la rebelión en la que ellas insisten en no conocer límites, aplico simple, llana y de manera permanente, la mano dura.
No habrá tregua, sentencio desde la tribuna de esta modesta dictadura que con enorme facilidad, en tu caso, podrías destruir si al fin te dieras cuenta de tu responsabilidad histórica.
Pero no, estás en la coronilla de los vaivenes de tus dogmas y yo en el solaz imperturbable del tirano.
En el Amazonas
Tu caudal se confunde con el del Amazonas. Impones el reto de ir río arriba. Cantas de pronto y las ramas de la ceiba tiemblan armoniosamente. Luego los pasos precisos, los pies embalsamados por el lodo milenario, conducen a un recodo de la selva donde la violencia de algunos de sus habitantes en contra de mi piel es un acto divino. Sigo en apariencia tu rastro. Estás más allá de un nido de la victoria regia, tan grande como tu cantiña, como el respiro del amor que se siente afortunado. Casi te veo, ahora, en la ribera del lago de una isla amazónica. Parece por momentos que te pierdes en el otro extremo del río. Ahí le das de comer banano a los monos frailes y algunos agraciados se posan sobre tus dedos, sobre la muñeca, y sus suavidades se confunden.
Desnuda al fin, haces giros en la laguna incrustada, como si fuera el centro de un cenote, en tanto los delfines grises y rosados zarandean tus piernas. Yo no puedo atraerte con una canción porque no sé ninguna letrilla. Solo te miro y añoro la caricia del agua dulce que hay en tus poros, quisiera que resbalara hasta hacerme gemir. No puedo: la selva impone sus condiciones, a veces tan parecidas a las normas de nuestros entornos cotidianos. Me abrazo al árbol arado por las hormigas y dejo que marquen la ruta prevista. Te invoco ya en la espesura de la noche, con las nubes recostadas sobre las copas de los árboles, con el tintineo de las gotas que se filtran. Anhelo tu enramado, la tersura de la pluma, la firmeza del reptil, el ronroneo de los fluidos, el aleteo de la mariposa policromada, la maleza quebrándose al caer los cuerpos, la estampida de los mosquitos, el grito soberano con tu aria. Me aferro mientras crece el hormiguero. Estás en la otra orilla, del otro lado. En el Amazonas no hay puentes.
Manuscrito en una tumba
Sobre un costado de mi tumba encontré un día de primavera un papel con esta plegaria: «Ruego por el hombre que ha bebido mi sangre/ Ruego por los ojos de garganta entrecortada/ Ruego por el niño que lloró frente a su perro/ Ruego por la carne débil de grandísima coraza/ Ruego por las manos que acarician mi cabello/ Ruego por el ángel con el que me confieso sin pudor/ Ruego por la fuerza de la bondad no premeditada/ Ruego por su esencia inmaculada/ Ruego por su temblor imperceptible/ Ruego por la desaparición de sus miedos/ Ruego porque aniquile sus dolores/ Ruego por ser su mujer sin omisión/ Ruego porque este valle se calcine y renazca lo que nunca nació.»
Desde mi tronco metido en la ceniza grité. No escuchaste.
Y no podemos salir de la tierra.
Derechos reservados
© Eduardo Cruz Vázquez
António Ramos Rosa
ISBN 958-97417-4-6
Colección Los Conjurados
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Obra pictórica: Miguel Angarita
(Faro-Portugal, 1924). Autor de más de treinta libros de poemas entre los que resaltamos: O grito Claro (1958); Viagem através duma nebulosa (1960), Voz inicial (1960), Sobre o rostro da Terra (1961), Ocupação do espaço (1963); Terrear (1964), Estou vivo e escrevo sol (1966), Nous seus olhos de silêncio (1970), Animal olhar (1975), A nuvem sobre a página (1978), Declives (1980), Le domaine enchanté (1980), Mediadoras (1985), Clareiras (1986), Facilidade do ar (1990), Pólen-silêncio (1992), Clamores (1992), Méditations metapoétiques (1998), O princípio da água (2000), O aprendiz secreto (2001).
Premio de traducción de la Fundación Hautvilliers (1976), Premio del Centro Portugués y de la Asociación de Críticos Literarios y Premio Pen Club de Poesía (1980), Premio Pessoa (1988), Gran Premio de la Asociación Portuguesa de Escritores (1989), Premio de la Bienal de Poesía de Liège (1991), Poeta Europeo de la Década atribuido por el Colegio de Europa (1991) y Premio Jean Malrieu (1992). En el año 2004 apareció Antología poética en la Colección Los Conjurados de Común Presencia Editores.
LA PALABRA VIVA
Muro en vez de boca, cal en vez de lengua. Boca en vez de muro, lengua en vez de cal. Un ímpetu, un color, una mancha, una señal escrita, un círculo de tierra, una cosa viva. ¡Tantos astros de arena, tantos rostros de piedra! Y el cielo extenso, redondo, completo, los bultos vivos, ligeros, matinales. Ritmo, crecimiento, inundación. Por todas partes el silencioso calor de un animal aéreo. El mundo se encendió con sus árboles transparentes. Todo es fácil, todo es fluido. Suavemente vacío, en la desnudez intacta, el cuerpo escribe con la espuma del aire.
(De Clareiras, 1986)
PALABRAS TERRESTRES
Ante la inmensa y silenciosa insistencia de un cielo inmaculado, los labios se liberan, se dilatan, se disipan y convergen, flexibles, en una boca de sombra y olvido. Palabras o no palabras, nombres silenciosos, ascienden de un fondo ilimitado y oscuro. Un cuerpo en formación se expande, etéreo. En la velocidad lenta que se explaya, corola gigante, la felicidad grita. Inquietud o paciencia, la vigilancia infinita del poema. Se escribe ahora sorpresa, sabor, sílex, espacio, palabras tal vez, palabras terrestres, pero nada más que follaje, blancura y viento.
A LA ESPERA DEL VIENTO
Espero. Aguardo el viento. Me coloco en el espacio abierto entre la arena y la sal. Mi deseo es polen, delirio de la piedra, laberinto de hojas. Es tal vez la energía de la ceniza que me mueve. Escribo con tres vocales de agua pura y cuatro palabras de sol blanco. Una huella dibujada en la arcilla, una minúscula araña, una pequeña llama en el suelo, el temblor del aire. Todo indica que las palabras, entre el sueño y el sol, se consumarán con la verde energía del deseo liberado.
LA VOZ DEL PAPEL
Aquí: pero no hay un aquí para el ser perdido. Desgarramiento del que perdió su pulso y mal respira, sin ritmo, sin horizonte. ¿Quién habla en voz baja, voz de tierra, idéntica, susurrante? Ningún árbol próximo, ninguna palabra habitable, ninguna pulsación terrestre. Espacio, espacio, quizá el espacio de una palabra perdida. Extrema tenuidad en las frases dispersas, nubladas, nulas. Nada se concentra en claro o sombra, nada latiga el centro de la ausencia. Nula y desnuda es la voz blanca del papel que no figura, que no abre, que sin intersticios repercute una única materia inerte.
Derechos reservados
© António Ramos Rosa
Juan Sebastián Gaviria
ISBN 958-97417-3-8
Colección Los Conjurados
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(Bogotá, Colombia, 1980). Se graduó de bachillerato a los diecinueve años. Escribió Los preludios del viajero, la primera parte de este libro, financiándose con dinero recibido de su familia para el ingreso a la universidad. Viajó por tierra recorriendo Suramérica, de Buenos Aires a Bogotá, durante tres años. Comenzó a escribir Poemas sueltos, la segunda sección del Inti Manic mientras vivía en el Amazonas, y los terminó en Argentina rumbo a Tierra del Fuego. El tercer capítulo de este libro, Noche imposible, lo comenzó antes de su retorno a Colombia y lo escribió casi en su totalidad durante su actual residencia en este país. En el año 2004 publicó Inti manic en la Colección Los Conjurados de Común Presencia Editores. Su último libro es Música mecánica (Ex-tinta, 2006).
1.
El ocaso en la altura
saca lo mejor de mí.
Aquí siento la soledad
de todos los hombres.
Creyéndome descubriéndolos
con caminos entre ellos
como raíces surcando tierra.
Siento la soledad del canto
salvaje que se engaña
pero que sólo muy poco habita.
No hay caminos para la voz
entre nosotros y las estrellas
que rompen a buscar
la calma en ir sin descanso,
que pesan como un hielo
en los ojos que ocupan.
La bajada es un despeñadero, es ir, consumirme,
pasarme todo,
inconciencia,
cantar o gritar convencido,
entre quienes me ven
como a un niño herido,
que ven en mi flor un precipicio.
Sólo teniendo tu piel tensa y fría,
tras la muerte de toda jornada,
teniendo el agua en tu pelo negro,
podría llegar a vivir
otros diecinueve años con el sol.
2.
Allá está la belleza
perdiéndose,
es semen seco en tu vestido,
son los hijos que nunca tuve.
Es trabajar para los enfermos:
Brillo,
tus dientes en peligro.
Allá va tu padre,
miserable, tu profeta.
Aquí estás tú,
mostrándome el destino
de los cuerpos de los hombres.
Allá está la belleza,
en el rigor de los
que no descansan.
3.
Tu cara es un campo blanco
de estrellas negras.
Antes tus ojos me muestran
el mundo, me acercan
al hombre,
son pozos,
en ellos tu alma un pez rojo,
en ellos dos perlas negras
son quietos veladores
o dos túneles sinceros
para el alma estrellada.
4.
Adentro de la
pradera cóncava,
con el sol bajo
prendiendo las espigas
como puntas de lanzas
en manos de furiosas tropas perdidas,
levanté un fuego
cuya cabellera sonaba
como un toro corriendo la pradera.
De mis manos la leña
al ser rota estallaba como pasos hondos,
irrumpiendo a través de huesos,
como los de un animal levantando vuelo.
5.
Me gusta cuando el cordero
me queda crudo en el fondo.
Así se parece más a ustedes.
Libro ilustrado por Fernando Maldonado
Derechos reservados
© Juan Sebastián Gaviria
Hernando Guerra
ISBN 958-97417-1-1
Colección Los Conjurados
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(Armero-Guayabal, Colombia, 1954). Abogado de la Universidad Libre Seccional Bogotá. Dirigió por más de quince años una importante organización sindical del sector financiero. Es autor de los poemarios: Pájaro azul (Editorial Linotipia Bolívar, 1994), y La noche del árbol (Ediciones Sociedad de la Imaginación, 1998). Tiene inéditos los libros: Los pecados de Ezequiel o El hijo del amor, Evocación erótica y Correspondencia secreta. Sus poemas han sido publicados en diferentes periódicos y revistas del país. En el año 2004 publicó Ciega luz en la Colección Los Conjurados de Común Presencia Editores.
GRAFÍAS
Cansados caminos
grafías
heridas horadan
el azul
viejas mujeres lavan el silencio
de la tarde
en ríos lejanos
hombres cazan sombras en el fuego
de valles encantados
cuando la noche es roce sigilo
ligero crepitar de llanura insomne
cuando la noche arde
fantasmas danzan a la orilla del sueño
como lunas o
soles
PIEDRA O NUBE
El bosque anida el grito
De pájaros heridos por el fuego
En la tarde ondulada
Cuando el viento riza
Peina la copa de los árboles
Y el agua
Piedra o nube
Desde la oscura cavidad del cielo se redime
Cae gozosa
Se vuelve río
HABLA INCESANTE
El agua finge un parloteo
Goethe
Rumor
fluir entre las piedras
habla incesante del agua que se apura
aligera el paso
dirige la mirada al valle
mientras el cielo se cubre de oro
su racimo de sueños
el árbol de la noche
NOCHE DEL CAMINO
Vestida de follaje
huyendo de lejanas intemperies
ha llegado hasta mi alcoba
para que la desnude
la abrace
la cubra de fuego
Noche del camino
que apretada a mi cuerpo cálido
ahora duerme
visita el paraíso
Derechos reservados
© Hernando Guerra
Poemas perversos
SALOMÓN, SAFO, CATULO, VILLON, BAUDELAIRE, KAVAFIS VERLAINE, WHITMAN APOLLINAIRE, POUND, BARBA JACOB, GENET, PESSOA, BANDEIRA, CERNUDA, AUDEN, bravo, GARCíA LORCA, SÁ-CARNEIRO, MAIAKOVSKI...
ISBN 958-97198-9-9
Colección Los Conjurados
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Obra pictórica: Luis Cabrera
Este homenaje a la más desatada imaginación artística, realizado por autores de diversas épocas, latitudes e idiomas, nos conducirá por los más ardientes y sombríos territorios de la escritura.
El combate entre Eros y Thanatos, donde los poderes de la vida y de la destrucción, se rechazan y se funden para crear las religiones, el arte y el amor, como lo vislumbrara Georges Bataille, es cantado bellamente en estas páginas. La contienda entre Apolo y Dionisos, tiene aquí por escenario el poema, con la incuestionable ventaja para el oscuro hijo de la noche (Baco el Perfecto, según el verso de Whitman).
Salomón
Rey del antiguo Israel que gobernó durante los años 961-922 a.C. Segundo hijo de David –rey de Judá e Israel– y Betsabé. Reconocido por su sabiduría y sus poderes mágicos. Figura como el constructor del Templo de Jerusalén.
Cantar de los cantares
(Soy de mi amor)
Él
¡Qué hermosa, qué encantadora eres
oh, mi amor, en tus delicias!
Tu talle se parece a una palmera
y tus pechos a sus racimos.
Pienso: subiré a la palmera
tomaré sus racimos
y que tus pechos se me conviertan
en racimos de uvas
y emane de tu aliento
un perfume de manzanas.
Miro tu boca como un vino exquisito
que suavemente fluye hacia mi amor
deslizándose por entre los labios
que se adormecen.
Ella
Soy de mi amor
y su deseo hacia mí se inclina.
Ven, amor mío
recorramos la campiña
Pernoctaremos en las aldeas,
y en la mañana visitando las viñas
miraremos si ha brotado la vid;
si se abren las flores
y florecen los granados.
Allí me entregaré a ti.
Hay un perfume de mandrágoras
y están a nuestra puerta
oh amor mío, frutos magníficos,
tanto añejos como acabados de nacer
que yo he guardado para ti.
amamantado por los mismos
pechos de mi madre,
te besaría al verte en la calle
sin recibir ningún desprecio ajeno.
Te llevaría a mi casa materna
y en esa misma alcoba
que me vio nacer,
te daría vinos aromáticos,
mosto de mis granadas.
y el otro abrazándome con calidez.
SAFO
Poeta presumiblemente nacida en Lesbos, la ciudad más importante de Mitilene, en el año 600 AC. Su poesía (primera de que se tenga noticia, escrita por una mujer de la antigüedad) se ha estimado como una de las cumbres de la literatura universal y ha sido festejada a lo largo de los siglos por autores como Platón, Catulo, Petrarca, Leopardi, Byron y Rilke. Dedicada al culto de Afrodita, dirigió la Casa de las servidoras de las Musas.
1.
En verdad yo deseo morir
por aquella que de mí se fue llorando.
Y que al partir decía: Ay, Safo,
qué terrible nuestro dolor,
sin desearlo parto de ti.
Yo dije entonces:
Nunca me olvides, marcha alegre
conoces todo el amor que sentí por ti,
y aun quiero recordarte
por si lo olvidas
todo lo bello y feliz que pasó entre nosotras
tantas coronas de rosas
y violetas que te ceñías junto a mí
y las guirnaldas que trenzabas
en tu tierno cuello
y que enredabas con mil flores
para perfumar después
todo tu cuerpo con aceite de nardo,
leche y aceite de jazmín,
y recostada en el blando lecho
sutil muchacha en flor<
























